Mira esa estrella.

Escribí este poema hace dos dígitos de años, pero no recuerdo cuántos. Podría volverlo a escribir hoy mismo mirando al cielo de verano.

Mira esa estrella.

Te mira en la distancia
y te dice de las propias proezas de tu vida.
Te recuerda tu infancia de supuesta inocencia;
tu juventud de logros,
tus vivencias.
Te muestra el hoy, que vives sin sentirlo.

Mira esa estrella.

En ella,
dejamos ilusiones algún día;
pusiste el corazón con la mirada;
cantaste al son de un vino nuevo
apenas inventado.

Mira esa estrella

que hoy brilla refulgente
haciéndote señales desde lejos,
para que vuelvas a contar con ella,
porque es su luz,
tenue, ligera,
quien en tu soledad,
guía tu noche.

¡Cuántas veces antaño la observaste
esperando poner tu vida en ella,
esperando que, al darle u pensamiento,
te devolviera el logro de tu idea!

¡Cuantas veces le diste de tus lágrimas
en noches sin sentido
y dejaste que fuera – solo una estrella –
quien te diera el consuelo!

¡Cuántas noches, entonces, la mirabas,
dándole el corazón con un suspiro,
constriñendo el temor de tus entrañas,
o ahogando aquel amor entre suspiros!

¡Y cuántas otras veces la ignoraste
fingiéndote capaz de ser – tú misma –
la estrella de tu vida,
el centro de tus centros!

Mira hoy la estrella.

Aún hoy,
en noche clara o turbia,
tu estrella brilla.
Y tú, pensando en todo,
lo que ella significa para ti,
miras la estrella.

Profundamente callas.
Tiemblas por dentro,
y sigues adelante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *