La tertulia nocturna de los sabios.

                      Hoy, 13 de febrero, se celebra el Día Mundial de la Radio. Este es mi pequeño homenaje.

Hay un lugar en Europa que es compartido por un buen puñado de sabios. Es la Iglesia de la Santa Cruz de Florencia. Para muchos es solo un cementerio de élite en el que reposan los más valorados italianos de la historia.

Allí descansan, entre otros, los restos de Dante Alighieri, Maquiavelo, Miguel Angel Buonarroti y Galileo Galilei. Están separados por unos 400 años de historia que transcurren entre el nacimiento del más viejo, Dante, y la muerte del que daríamos en llamar más joven, Galileo. Y sin embargo reposan juntos. Porque además de compartir espacios funerarios separados por unos pocos metros, el estar muertos los convierte de algún modo en atemporales para nosotros.

Afortunadamente su sabiduría no descansa encerrada entre los gruesos muros cuyas  puertas se cierran poco antes de caer la tarde.

Quizá la razón del temprano cierre de la basílica es dejarles salir a compartir sus particulares visiones del mundo. No de los particulares mundos que les tocó vivir. Tampoco de los  mundos que les precedieron, ni de  los que vinieron detrás de ellos. Quizá cuando las pesadas puertas de la Santa Cruz de Florencia se cierran, las luces se apagan, los visitantes y los trabajadores del histórico lugar quedan fuera, es cuando nuestros cuatro sabios, a modo de fantasmas tertulianos, retoman la actividad. Se convierten en analistas del mundo; del suyo y del nuestro; del Mundo con mayúsculas. Deben de hacerlo  con la sabiduría que otorga el  haber visto otros cambios de época y haber vivido entre presiones y persecuciones.

Los imagino hablando, usando cada uno su monumento funerario como estrado.

Hablan toda la noche, sobre lo que en esos cuatro siglos que representan, ha sido motivo de debate. Hablan de inventos y descubrimientos sorprendentes; de los políticos de turno y de las razones de la política; de avances médicos; del gasto en artes; de las guerras sufridas y las que suenan como amenaza; de juicios injustos; de los motivos de la juventud desmotivada; de tribunales; de enemistades crecidas a golpe de confrontar intereses u opiniones; del uso de las lenguas para entenderse o para confundirse; de intrigas, exilios y huídas; de favores y desfavores del poder; de la importancia de la educación y de los vicios de la enseñanza; del papel de la iglesia; de la prioridad de la fe o de la ciencia; de leyes; de intereses; de beneficios económicos para algunos o para el colectivo, … Hablan y hablan de lo que fueron sus vidas, pero que en esencia tan poco me parece que difiera de las nuestras.

Por eso, porque les gusta hablar de madrugada cuando nadie les ve, era necesario que les acompañara, a modo de moderador, Guillermo Marconi y que garantizara que la radio podría dar cobertura a las muchas horas de tertulia que nuestros sabios noctámbulos pueden mantener.

Quiero pensar que en ocasiones se les suman otros. Pues son muchas otras las sepulturas, identificadas o no, que quedan cada tarde, al cerrarse la iglesia, a merced de la noche. Y si no todos tienen el saber ni la dialéctica para participar activamente en la tertulia, estoy segura de que ejercen de audiencia con la máxima atención que su bagaje y sus historias les permiten.

No, la Basilica de la Santa Cruz de Florencia no es solo un cementerio de élite.

Es también un homenaje a las tertulias y al diálogo. Un ejemplo más de que si escucháramos bien las sabias voces de la historia aprenderíamos un poco más a convivir y a dialogar en nuestros días.

 

 

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