Gris.

Me empeñé en decir una y otra vez que el gris no es un color triste.

En el cielo anuncia lluvia que es la responsable de que los campos se pinten de verde y, con el tiempo, se llenen de flores.

En la chimenea, es el color de la ceniza que nos recuerda que hubo fuego y nos garantiza que puede volverse a encender.

En el cabello, viene a decir que se ha vivido para contar muchas historias.

En el tiempo nos recuerda el invierno, sin el cual no habría esperanza de primavera.

En el arte, es el color del Guernika, símbolo de una historia que nunca debemos ni olvidar ni repetir.

En el ánimo, dicen que es el color de la melancolía, pero sin momentos de tristeza no conoceríamos el color de la alegría.

Por eso, en un día de cielo gris, sin fuego en la chimenea porque nadie lo pensó necesario, con las canas suficientes para contar recuerdo; en un día de verano que ha lucido como un anticipo del invierno que vendrá, con suficientes motivos para rebelarme contra los “Guernikas” de hoy, y con el ánimo dolorido por una y otra herida inevitables, …

En el día de hoy, no reniego del gris que encierra todos los colores que nacerán mañana.  

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